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Fuente www.bienvenidosasucasa.blogspot.com |
Nunca fue un sillón cómodo. Ni siquiera para Johan
Cruyff. Al flaco le sobraba sitio en el butacón frío e incómodo, casi hundido
bajo la espesa hierba del Camp Nou. El holandés volador apenas se posaba en él.
No necesitaba comodidades porque Johan jamás dejó de ser futbolista…Ni siquiera
cuando tuvo que cambiar los chupachups por el paquete de cigarrillos.
Demasiados goles. Algunos errores y primeras críticas.
Es el momento de otro residente de carácter en uno de los rincones más deseados
pero más señalados al mismo tiempo: el banquillo del Estadi. Es la Hora Luis
Enrique.
Entrar al trapo jamás fue un problema para el
asturiano. En el ruedo de la prensa se maneja como lo hacía con los rivales en
el rectángulo: A flor de piel. Siempre pegado. Roce puro y distancia solo para
volver a embestir.
En su primer proyecto en la élite, como allenatore de la Roma, mantuvo un pulso
con los medios. No solo fue por Francesco Totti...Como tampoco sucedió por el
Caso Messi ya en Can Barça casi a
estas alturas el curso pasado. En ambos casos, había algo más subyacente, más
allá del principio de autoridad con los capos
del vestuario: Totti-Messi. Se
trataba de demostrar su valor como técnico en dos clubes de prestigio como Roma
y Barcelona. No le falta razón, su razón,
cuando hace días exclamó, siempre a medio camino entre el impulso y la ironía:
“pero si me querías matar el año pasado a estas alturas!!”. En principio se
está juzgando el juego de su equipo. Pero en realidad parece que también se examina
su incidencia en el estilo-juego-éxito de este Barça del triplete, y que por
ahora no aparece. Lucho, se defiende cuando compara este arranque con el del
año pasado, con el de un equipo que culminó de manera magistral su temporada
debut. Su Barça…en ambos casos. En los dos polos. En aquel Anoeta y este
Balaídos. Y también en aquella Final de Champions del Olímpico de Berlín. Es el
banquillo a quien se señala. Siempre. Es ese banquillo, tal vez hoy más que
nunca, la razón del cambio.
Los hombres
del míster
Sin Zubi, y a la espera del éxito total que aparecía
en el horizonte, Luis Enrique demoró a conciencia su Ok a la renovación por el
Club. Con el Triplete no solo ganaba la batalla mediática, también obtenía un
mayor poder de decisión en el diseño de la plantilla. Solo así se explica la
salida del Pedro El Grande para el
mayor protagonismo de su apuesta, de Rafinha como alternativa a los intocables
Messi, Neymar, Luis Suárez arriba. Iniesta apenas entra en la ecuación del
tridente porque sin Xavi, Andrés es el organizador de todo, el
hacedor-dominador de aquello que pasa en esa Zona Caliente, cerca de la frontal
del área, tan suya, a veces a la espera del genio omnipresente Leo Messi.
Fondo de
armario Vs Profundidad de banquillo
Conceptos diferentes para definir aspectos esenciales
en equipos que aspiran a todo.
Desde siempre en baloncesto se ha hablado de profundidad de banquillo: Esa segunda
unidad de jugadores, los menos habituales. Aquellos que son empleados por
lesiones, sanciones o para descanso a los titulares de un plantel. Hablamos de
un deporte, el basket, acostumbrado a jugar muchos partidos en un corto espacio
de tiempo, con cambios ilimitados durante un encuentro. El deportista de
vestuario sabe de su rol para el equipo en todo momento y su pelea reside en cambiarlo
durante el curso, con el paso de los minutos disputados, de las oportunidades
concedidas. El fútbol está entrando en esa dinámica de frenética
acción-competición semanal en un calendario coagulado al máximo. Por eso los
diseñadores de plantillas de equipos como Barça o Real Madrid calibran este
aspecto: lo llaman rotaciones. Pero no siempre salen como se dibujan en la
pizarra. La baja de larga duración de Rafinha, justo en Roma, al alza, en su
momento cambio de rol en el equipo
con la salida de Pedro y sobretodo la confianza del Lucho, destroza ilusiones y
planes individuales y colectivos casi a partes iguales. Porque ahora viene
aquello que en su día llamamos Fondo de
armario: concepto del mundo de la moda que significa tener prendas básicas
pero a la altura de cada ocasión: un smoking, camisa blanca, camiseta negra,
unos jeans, una blazer, etc, etc…Traducido al fútbol actual: un portero que
realice paradas ganadoras, un jugador de último pase, un extremo que rompa en
el 1x1, un central especialista en el juego aéreo, un killer del área…Y todo
esto se refleja, aunque ahora no lo veamos tan nítido, en la plantilla de
cualquier gran equipo. Aquello de plantilla “coja o descompensada”. Está por
ver porque la competición es larga y el tiempo el mejor de los jueces. Hablemos
en este caso de la del FC Barcelona: Con los laterales rotos desde el verano,
apareció el experimento Sergi Roberto al lateral derecho obra del tándem Luis
Enrique-Unzué. Pero es otra lesión, la de Claudio Bravo, el arquero de la Liga,
la que ha puesto en el punto de mira la confección del traje Barça 2015-2016. Por
tanto gol encajado en el arranque se mira el descosido atrás y a Ter Stegen. El
alemán es un excelente portero con el balón al pie. Saca medido, fundamental en
el fútbol de hoy para ganar líneas sin arriesgar la posesión en campo propio,
juega adelantado y por tanto libera de
metros de cobertura a los centrales como Piqué que suma uno más en la
media para tocarla y jugar a 10, 20 o 40 metros, y está en permanente conexión
con el juego-rondo que practica el Barça. Pero alguien que conoce muy de cerca
el fútbol del hoy me anticipó hace tiempo que Stegen no era un cancerbero que
destacase especialmente por paradas que pudieran decidir campeonatos. Ya saben
que las áreas deciden los títulos… Ante Iago Aspas no pudo sacar ningún mano a
mano. Es decir: si a su defensa adelantada le ganan la espalda por velocidad
será difícil que el muro aguante en pie. No todo es suyo. El pasador del rival
debe sentirse vigilado, estar presionado
para evitar un envío certero al hueco para dañar la defensa culé, y no hablemos
de evitar pérdidas suicidas en la salida de balón en campo propio. Curiosamente
una de las mejores armas del equipo de Luis Enrique cuando es él quien provoca
ese error a su rival cuando va a cazarlo muy arriba en la presión. Las dudas
aparecen por los resultados. Pero es cierto que el nivel de juego del equipo no
aparenta la misma consistencia del pasado año. Muchas lesiones, no poder inscribir
fichajes y el nivel defensivo que lo sostuvo para que Los Tres Tenores ganasen
partidos para el resto. Pueden volver en cualquier momento y la Champions en el
Camp Nou es el mejor escenario posible. Enfrente aparece un Bayer Leverkusen,
quien a pesar de las salidas de este verano, conserva exquisitos y mordaces
lanzadores de balón al espacio como el turco Hakan Çalhanoglu. A balón parado
de los mejores del momento en toda Europa y con pelota corrida fiable al máximo
para los suyos. Necesitará de contenedores como Lars Bender en el centro y oportunistas audaces como Chicharito
Hernández o incluso Bellarabi para sobrevivir este martes a las ganas de
revancha de un Barcelona herido.
Luis Enrique, el disidente por definición, el hombre
que jugó y entrenó como sintió que debía hacerlo allá donde estuvo y pesase a
quien le pesase, mira ahora a su banquillo en busca de respuestas y ve la mayor
de las pruebas a una cantera prolífica pero lejos hoy de los Iniesta, Xavi o
Messi que tanto fabricaron para cambiar el rumbo de este club en la última
década.
Messi sigue siendo la llave maestra, y los resultados
la mejor de las coartadas para continuar con un proyecto que continúa en marcha,
que viene de ganar y mucho, pero ahora todos miran al entrenador-portavoz de la
gran nave azulgrana en busca de la reacción desde el banquillo. El que hoy lo
encierra, el que, hace solo meses, lo manteaba sin límites.